sábado, 11 de septiembre de 2010

Una ola de prosperidad se apodera del mundo

Una nueva pandemia provoca reacciones hasta ahora inhábiles, en el cerebro humano, despertando intensos sentimientos de empatía, generosidad y amor al prójimo. Las consecuencias más inmediatas se han dejado notar tanto en los mercados como en la política exterior. Gobiernos, inversores y grandes corporaciones de todo el mundo han concertado sus acciones y recursos con el objeto de auxiliar a las regiones más desafavorecidas. En pocos meses, el colosal despliegue de medios ha conseguido que se pueda afirmar hoy que no hay nadie, en ningún lugar, que no tenga a mano comida y asistencia sanitaria. Paralelamente, se han puesto en marcha planes de inversión encaminados a la creación de un tejido productivo y de servicios que permita el pleno empleo y el sostenimiento de las dotaciones y suministros básicos.

La investigación sobre las causas de la pandemia, cuyo contagio se produce por la respiración, apunta a la presencia atmosférica de partículas en suspensión originadas en la sobrecalentada capa de ozono. Incluso se baraja la hipótesis de que tal sustancia ha sido creada, y posteriormente puesta en circulación, por miembros de una organización secreta internacional, un grupo no gubernamental filantrópico que disponía de cédulas durmientes de 'buenas personas' (así, se les denomina).

lunes, 6 de septiembre de 2010

El autoestopista

Otra de las ilustraciones de 'La Carcoma', bajo el mismo seudónimo.




















Este tema de Trump'n'bass puede servir de acompañamiento: http://open.spotify.com/track/5hQ5H05iZSIax8jfgZs4Ec

Siza

Paseo en Cáceres por un silencioso Palacio de Camarena, sede fundacional de los arquitectos extremeños. Cruzando el atrio, observo las sillas vacías del salón de actos que hace poco no bastaron para acoger al público más numeroso que se recuerda allí.

La razón no fue otra que la presencia del portugués Álvaro Siza. Ese día presentaba una serie de proyectos recientes ubicados en distintas partes del mundo, destacando entre ellos la propuesta de un extenso desarrollo residencial al sureste de la capital cacereña, que aprovechando los terrenos de una cantera culminaba con un gran auditorio al aire libre.

Quince años atrás, coincidiendo con el inicio de mis estudios en la universidad, él recibía el premio Pritzker (algo así como el equivalente al Nobel en arquitectura). Durante toda la carrera, Siza fue una de las principales referencias. Ejerciendo ya la profesión, un documental emitido por “la 2” titulado “el elogio de la luz” me enseñó otros aspectos de su biografía: entre recuerdos evocados, aparecía el bello rostro de su mujer fallecida hacía tiempo, mientras la cámara se deslizaba por un estudio amplio pero poco poblado, con algunas de esas maquetas que según contaban realizaba su hija. Más tarde –demasiado- visité algunas de sus obras: en Santiago de Compostela, Oporto, Leça da Palmeira, etc.

A aquella conferencia le siguió un vino de honor que se prolongó hasta tarde. Diluida la escolta de autoridades, Siza era continuamente abordado por la gente, entre saludos y muestras de efusividad. Así aguantó hasta el final, discretamente y por no molestar, tal y como contó el escritor Manuel Vicent. Antes de irse, al menos pude estrecharle la mano, exhalando algo parecido a un agradecimiento.

No he vuelto a saber nada de aquel proyecto de la cantera, pero imagino que Siza permanece en su estudio de Oporto, inclinando sus 76 años de vida sobre un papel “diapost”, un lápiz blando en una mano, un cigarrillo a punto de consumirse en la otra, mientras a su lado un joven de ojos muy abiertos toma nota.