viernes, 11 de enero de 2013

Niebla nocturna



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Hacía tiempo que no reparaba en esa atmósfera que la niebla provoca en los mudos paisajes cotidianos. Regresaba a casa andando, después de ir a ver a mi madre. No era muy tarde, pero eso al invierno no le importa. La oscuridad vespertina, más que el frío, despeja las calles en esta época del año, lo que favorece la introspección autómata de los escasos transeúntes. Sin embargo, la otra noche, un manto de denso vaho se precipitaba por esos mismos espacios invisibles de tan reconocibles que se nos hacen. Entonces, por un momento la larga avenida recuperó su viejo aspecto de carretera inhóspita que recordaba de niño. Una línea  asfaltada que se perdía en las luces difuminadas de un punto de fuga falsamente próximo. Algo así como la entrada a una gruta donde débilmente centelleaba el fuego de una hoguera de sombras arrojadas, de ideas soñadas y verdades perdidas.

martes, 25 de diciembre de 2012

Cinema Paradiso


















"- Vete. Esta tierra está maldita. Mientras permaneces en ella, te sientes en el centro del mundo. Te parece que nunca cambia nada. Luego te vas, un año, dos, y cuando vuelves todo ha cambiado. Se rompe el hilo. No encuentras a quien querías encontrar. Tus cosas ya no están. Estuviste ausente mucho tiempo, muchísimos años, para encontrar, a tu vuelta, a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no es posible. Ahora estás más ciego que yo
-¿Quién dijo eso? ¿Gary Cooper, James Stewart, Henry Fonda?
- No, Totó. Eso no lo dijo nadie. Lo digo yo. La vida no es como la has visto en el cine. La vida...es más difícil. ¡Márchate! ¡Regresa a Roma! ¡Eres joven! ¡El mundo es tuyo! Yo ya soy viejo. No quiero oírte más. No quiero oír hablar de ti. No vuelvas. No pienses en nosotros. No llames, no escribas. No te dejes engañar por la nostalgia. Olvídanos. Si regresas, no quiero que vengas a verme. No te dejaré entrar en mi casa. ¿Entendido?
- Gracias. Por todo lo que has hecho por mí.
- Hagas lo que hagas, ámalo. Como amabas la cabina del Paradiso cuando eras niño."
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"- ¿En qué piensas, Totó?
- Pensaba... que siempre he tenido miedo de volver. Ahora, después de tantos años, creía que era más fuerte, que había olvidado muchas cosas. Y en cambio, vuelvo a encontrar lo que dejé, como si nunca me hubiera ido. Aunque miro alrededor y no conozco a nadie."




martes, 6 de noviembre de 2012

En las afueras























Corro. Estos últimos años he corrido más que en toda mi vida. Tal vez lo hago por la edad, por miedo a mi edad. Pero como en todo, no lo hago bien, no corro bien. La fatiga se presenta desde el inicio y mi trote es renqueante. Por eso busco los espacios menos concurridos, las afueras. Por la noche no me atrevo a ir por el campo que está aquí al lado, así que bordeo la ciudad. Transito por el oeste, donde el sol es un recuerdo vagamente insinuado en el horizonte. Una malla electrosoldada certifica el límite urbanizado. Tras ella, en un océano de oscuros pastos, observo una figura encapuchada que pasea un perro. Se descubre al verme y me saluda. Es un arquitecto, compañero de trabajo, padre, amigo. Le devuelvo el saludo sin detenerme. Es un barrio moderno, de clase media. Hace ocho años sólo era un amasijo de grúas y de esqueletos de hormigón; estampa muy ibérica en la pasada fiesta de la burbuja. La calle se curva dirigiéndome al sur. Me cruzo con otro corredor en sentido contrario. Del lado de los edificios, una pista iluminada junto a la piscina; están jugando al pádel. Continúo con el penoso tran tran. A lo lejos empiezo a divisar otro barrio, un barrio muy distinto, inacabado. Sólo tres bloques de edificios, tres moles, se levantan juntas en un extremo de la extensa urbanización. Acaban de entregar las primeras viviendas. La otra noche, desde el coche vi por fin algunas luces repartidas en distintos pisos. Un parque cubre la colina que corona el barrio. En la cumbre puedo ver gente ya; los primeros pobladores. Decido cambiar la ruta, bajo a ciegas un terraplén, atravieso la carretera nacional, encaro la vía de acceso que cruza por debajo de la línea ferroviaria. La última vez que estuve allí, hará dos años, dos de los tres edificios sólo tenían levantados los forjados de sótanos y planta baja. Yo trabajaba en una oficina de supervisión de estas actuaciones, las denominadas viviendas de protección pública del programa especial. A los pocos meses, la oficina cerró. Asciendo la amplia senda peatonal que conduce hasta lo alto del parque. Algo de la fatiga es levemente sustituida por la ridícula remembranza de Rocky Balboa en su escalada hasta el Capitolio; Bill Conti y su 'Gonna fly now'. Ya arriba, un perrito minúsculo y enrabietado me asalta entre ladridos histéricos. Una pareja joven le ordena retirarse. Les saludo, antes de esquivar al niño que pedalea, en un descontrolado zig zag, con su triciclo. A los pioneros se les perdona todo. Inicio el descenso por la cara oculta de la colina. Más allá, un cuarto bloque se encuentra en fase de construcción; 48 viviendas de protección oficial. Escudriñado el cartel informativo, es hora de emprender el regreso. A la altura de las viviendas recién ocupadas me desanimo al observar que la familia de antes se monta en un coche y se aleja. La única presencia humana visible ahora, yo, se presta a abandonar el lugar. Me llama la atención la enorme barrera que constituye el talud sobre el que descansa la vía del tren, a muchos metros de altura. Al otro lado del túnel encontraré el camino a casa.